El ruido de los prejuicios

By ObservaLaTrata, 9 April, 2018
Mujer siendo criticada

Mientras abr铆a mi cartera para guardar el DNI y el pasaporte reci茅n hechos, aun calentitos y listos para iniciar con ellos otros diez a帽os de trajinar por lugares en los que necesitar茅 identificarme como ciudadana espa帽ola, el recuerdo de mis casi 17 a帽os de vida en este pa铆s pas贸 por mi cabeza y se deposit贸 en forma de mariposas, aleteando en mi est贸mago.

Con estos dos documentos que abren puertas y otorgan derechos de manera autom谩tica, sal铆 de la comisar铆a pensando en que la tranquilidad por considerarme 鈥渓egal鈥, contrasta de manera insultante con la incalculable cifra de vidas sacrificadas para conseguir esos mismos papeles que yo obtuve sin ning煤n impedimento; como insultante tambi茅n resulta que, dependiendo de la mano que sostenga esos 鈥減apeles鈥, una parte de la sociedad ve a la otra de manera distorsionada, sospechosa, amenazante y, en muchos casos, ni tan siquiera la ve.

Las razones

Dentro de las numerosas razones de migraci贸n del ser humano, la m铆a se clasifica en el apartado m谩s peque帽o de la tarta que mide los movimientos demogr谩ficos en el mundo, esa que por dispar los expertos en estad铆stica no saben c贸mo llamar y a falta de clasificaci贸n la titulan como 鈥渙tras鈥. Yo llegu茅 a Espa帽a por total curiosidad, el amor hizo que me estableciera temporalmente y una gran dosis de arrojo y valent铆a me empuj贸 a tomar la decisi贸n de quedarme en Madrid y hacer de esta ciudad mi rinc贸n favorito para habitar el planeta.

Aunque si bien es cierto he corrido con mucha suerte y el balance, m铆relo por donde lo mire siempre me muestra saldo a favor, a lo largo de estos a帽os no han faltado los momentos en que alguien, de alguna forma, me ha recordado mi condici贸n de extranjera, de inmigrante y, por supuesto, de colombiana. Gracias a que no he perdido mi marcado acento bogotano, creo que mientras exista la discriminaci贸n seg煤n el punto geogr谩fico en que hayamos sido paridos, mi forma de hablar ser谩 siempre esa l铆nea invisible, pero presente de manera constante, en la forma en c贸mo en determinados momentos y espacios se me mire y valore.

  • Con la frase eres colombiana, no te hagas la estrecha, aterric茅 en la realidad de las cosas con las que, por mi condici贸n de mujer colombiana, me iba a encontrar

Mi entrada a Espa帽a fue por el Principado de Asturias y a los pocos meses de llegar entend铆 el por qu茅 un espa帽ol de los de 鈥渢oda la vida鈥 me recomend贸 que, cuando me viera ante una situaci贸n intimidante, dejara caer deliberadamente mi carn茅 de prensa y as铆, con un simple gesto, quedar铆a claro que 鈥減ese鈥 a ser inmigrante, era periodista y con ello me garantizaba no correr el riesgo de ser mirada como a una colombiana 鈥渃om煤n y corriente鈥.

Confieso que el consejo me parec铆a excesivo en una sociedad abierta a la inmigraci贸n dada su di谩spora durante la guerra civil para 鈥渉acer las Am茅ricas鈥, algo que (salvo algunos casos, afortunadamente aislados) les atribuye una sensibilidad especial con los expatriados. M谩s adelante entend铆 que haber echado mano de tal recomendaci贸n en alg煤n momento dado, no hubiese impedido que en el ejercicio de mi profesi贸n, con el estatus que me abr铆a puertas en cualquier rinc贸n del Principado trabajar para un reconocido peri贸dico de la regi贸n, en algunos momentos fuera tratada como si llevara una luminosa letra escarlata colgada al cuello con una enorme P, y no propiamente de periodista.

El ruido de los prejuicios

Los prejuicios ante los inmigrantes no dependen de la educaci贸n, la edad, la condici贸n social, ni mucho menos de la esquina del planeta en el que nos corresponda nacer. Los prejuicios son humanos y como tal, est谩n presentes en todos nosotros, solo que algunos los exteriorizan seg煤n qu茅 zona de su parcela vean amenazada y la intensidad con que lo hacen depende tambi茅n de su calidad personal, esa que ni se hereda, ni se compra, sino que simplemente se tiene. O no.

La primera persona que aludi贸 a mi procedencia fue un hombre mayor, con t铆tulo nobiliario, perteneciente a una familia de reconocimiento p煤blico y formado en algunas de las m谩s prestigiosas universidades del mundo y con quien compart铆 mesa durante una cena de trabajo. Sin ning煤n reparo, aquel hombrecillo se atrevi贸 a invitarme 鈥攅so s铆, muy educadamente y con las m谩s exquisitas formas鈥 a un prost铆bulo cercano al exclusivo club de golf en el que nos encontr谩bamos. Ante mi cara de desconcierto y luego de argumentarle que se hab铆a equivocado de persona y lugar, su respuesta me dej贸 aun m谩s aturdida y sin palabras: 鈥渆res colombiana, no te hagas la estrecha鈥, frase que como es obvio, me aterriz贸 en la realidad de las cosas con las que, por mi condici贸n de mujer colombiana, me pod铆a encontrar de ah铆 en adelante.

  • Los individuos que con tan cortas miras caen en el encasillamiento f谩cil de la inmigraci贸n no representan a la Espa帽a amable, abierta, diversa, tolerante y plural que me ha acogido

Segura estoy de que la educaci贸n, o la condici贸n social no son el acicate para que una parte de la humanidad etiquete a otra con trillados estereotipos, pues en un concurrido evento de un club de f煤tbol en un barrio muy popular de Oviedo, integrado en su mayor铆a por trabajadores de f谩bricas con escasa formaci贸n acad茅mica, me estrell茅 de nuevo con una situaci贸n que me record贸 mi condici贸n, adem谩s de mi nacionalidad.

Cuando la esposa de uno de los jugadores descubri贸 mi origen, tir贸 mi grabadora al suelo y aireadamente, como si de algo personal entre las dos se tratara, me insult贸 a voz en cuello y de paso con gritos hist茅ricos inform贸 a la audiencia de la sala en la que nos encontr谩bamos, que todas las colombianas que ven铆amos a Espa帽a lo hac铆amos con intenci贸n de 鈥渞obar鈥 sus maridos. Esto, adem谩s de sentenciar que en la ciudad ya hab铆a suficientes periodistas como para que un medio como en el que yo trabajaba, contratara a gente de mi clase. No s茅 exactamente a qu茅 clase se refer铆a la dama en cuesti贸n, pero luego de sobreponerme a la impotencia que me dej贸 aquel triste espect谩culo, pens茅 que se refer铆a al hecho de ser una mujer joven, profesional e independiente, (una especie que suma millones y millones de personas en el mundo) cualidad que al parecer, amenazaba su noble condici贸n de ama de casa de un peque帽o pueblo, en una esquina de Europa.

Algunos otros hechos aislados tambi茅n me han recordado mi categor铆a de extranjera, como el d铆a en que haciendo fila en la caja de un supermercado, una mujer de mediana edad me mand贸, adem谩s de 鈥渁 la mierda鈥, a mi pa铆s porque seg煤n ella, en Espa帽a la gente como yo sobraba y conforme a su imaginario, este detalle me negaba el derecho a pedirle que esperara su turno en la fila; o, cuando quise pedir respeto para una adolescente a la que, por guapa, tres chicos estaban irrespetando verbalmente en el metro y fui callada siendo invitada, nuevamente, a regresar mi 鈥減uto pa铆s鈥.

La lista de momentos bochornosos como los mencionados es algo m谩s larga y a ellos debo sumar las incontables ocasiones que en distintos escenarios y con muy distintas personas, he tenido que escuchar insinuaciones socarronas sobre si llevo en la cartera algunos gramos de esos polvitos blancos que tanta demanda tienen en Europa. Aunque si bien es cierto el narcotr谩fico no me define y en nada me identifico con su cultura, no deja de resultarme inc贸moda la recurrencia a esta generalizaci贸n de los colombianos a lo largo y ancho del planeta, como si esta fuera la 煤nica identidad que nos corresponde a quienes venimos de un pa铆s tan diverso como lo es Colombia.

Aqu铆 estoy y aqu铆 me quedo

Las mariposas que revolotearon en mi est贸mago con mi segundo pasaporte, son las mismas que sent铆 cuando hace diez a帽os recib铆 el primero y son las mismas presentes cada vez que pienso en todas las puertas que Espa帽a me ha abierto, en la calidad de vida que me ha brindado y en la familia que, a trav茅s de los amigos, me ha regalado. Ning煤n incidente de esos que aparecen de vez en cuando para recordarme mi procedencia ha hecho que mi amor por este pa铆s y mi sentido de pertenencia a su sociedad y cultura cambien o se distorsionen.

  • Una mujer de mediana edad me mand贸, adem谩s de a la mierda, a mi pa铆s porque seg煤n ella, en Espa帽a la gente como yo sobraba

No s茅 en qu茅 categor铆a tendr铆a que clasificar cada una de las veces que me he visto ante agresiones verbales a mi persona: 驴Racismo? 驴Xenofobia? 驴Discriminaci贸n? 驴Odio? No tengo la respuesta. Los individuos que con tan cortas miras caen en el encasillamiento f谩cil de la inmigraci贸n no representan a la Espa帽a amable, abierta, diversa, tolerante y plural que me ha acogido; como estoy segura que yo tampoco represento a la Colombia que algunos conocen y desprecian: la del narcotr谩fico, la violencia y la prostituci贸n.

Reflexiono 煤nicamente sobre mi experiencia personal sin abandonar el sentir colectivo de quienes por necesidad, obligaci贸n 鈥攐 curiosidad鈥, en la b煤squeda del horizonte m谩s all谩 de una frontera ven amenazados, vulnerados o eliminados todos sus derechos y acuden imp谩vidos a la subasta de su dignidad sin que el mundo haga nada al respecto.

Las mariposas de tranquilidad en mi est贸mago se mezclan con las del v茅rtigo que me da, ya no solo ser parte de un innumerable colectivo en potencial peligro de rechazo, discriminaci贸n y marginaci贸n, sino pertenecer 鈥攁dem谩s鈥 al otro colectivo (tambi茅n incalculable) de seres que desde la comodidad de occidente, del norte y de la 鈥渓egalidad鈥, observan como objetos pasivos el retroceso de nuestra especie, asumiendo el papel de simples espectadores en este canibalismo global que excluye y discrimina. Siento v茅rtigo cuando pienso que con el silencio de nuestra comodidad estamos acudiendo a la pauperizaci贸n de la dignidad humana y siento p谩nico cuando veo que la mitad del planeta est谩 pidiendo a gritos alg煤n gesto de amor 鈥攑orque la movilidad tiene que ser un derecho humano irreductible鈥 y, la otra mitad, mira para otra parte.