Migrantes en Guanacaste, una vida en el limbo

By ObservaLaTrata, 8 August, 2016

Nota original en La Voz de Guanacaste, por María Fernanda Cruz y Ariana Crespo

  • La Cruz de Guanacaste es hoy el tramo m√°s complicado de vencer en el camino de m√°s de 2.000 migrantes africanos y haitianos que huyen de la violencia y la pobreza de sus pa√≠ses

 

Fotos por Ariana Crespo

 

06 de agosto, 2016 -¬†Las horas pasan como si no pasaran en el albergue San Dimas, donde cientos de haitianos y africanos con sus hijos en brazos esperan, un domingo tras otro, a que alg√ļn milagro les abra la frontera entre Costa Rica y Nicaragua, a cinco kil√≥metros de aqu√≠.

En un sal√≥n comunal de unos 500 metros cuadrados, se tropiezan colchonetas con chupones, pa√Īales con comida, bultos que solo tienen fotograf√≠as de lo que un d√≠a fue un pasaporte. Unas ba√Īan a sus ni√Īas en la pila donde al lado alguien m√°s lava los platos. Otras se alisan el cabello. Otros miran su celular por horas de horas.¬†Todos sobreviven a este mi√©rcoles de julio, que es como cualquier otro mi√©rcoles desde hace tres meses, cuando la Comisi√≥n de Emergencias municipal abri√≥ el albergue.

‚Äč‚ÄúNo s√© qu√© d√≠a es hoy‚ÄĚ, dice Sammuel, un nigeriano cuyos pedazos de piel rostizados son los testigos con los que acompa√Īa su relato, uno en el que fue v√≠ctima del grupo islamista Boko Haram, que un d√≠a entr√≥ a su iglesia y la quem√≥, con todos los cristianos dentro.

A √©l,¬†la decisi√≥n del presidente Daniel Ortega de cerrarle el paso a las olas de migrantes desde el 15 de noviembre, termin√≥ por congelarle el tiempo.¬†Lo intent√≥ tres veces por otros recovecos de la monta√Īa, perdi√≥ mil, dos mil, tres mil d√≥lares -dice √©l- y ya no quiere intentarlo m√°s. Ya no tiene nada para perder.

Nunca esa frase tuvo tanto sentido. Por un lado, a muchos de los que están aquí ya no les queda dinero para regresar o para seguir intentando cruzar de manera ilegal. Por el otro, en sus países eran pobres hasta los huesos o estaban amenazados de muerte y ya no pueden regresar -así lo cuentan con mensajes de Whatsapp o fotos de Facebook en mano para que quien los mire les crea.

Eso lo sabe el Gobierno. El ministro de Comunicación, Mauricio Herrera, en quien se centraliza cualquier comunicación oficial posible, dice al teléfono que esta nueva ola de migrantes quiere un trato como el que recibieron los cubanos, pero que eso es imposible.

‚ÄúNo los podemos deportar, no podemos hacerles un puente a√©reo y Nicaragua no los deja pasar. No podemos hacer nada con ellos‚ÄĚ.

Dos semanas despu√©s de esta entrevista,¬†el Gobierno ha comenzado un proceso para aprehender a estas personas y deportarlas hacia sus pa√≠ses de origen,seg√ļn han comunicado v√≠a correo electr√≥nico. Adem√°s, ha cerrado las fronteras a nuevos migrantes irregulares, pues no cuenta con los recursos para atenderlas, ha dicho el presidente de la Rep√ļblica, Luis Guillermo Sol√≠s.

Mientras tanto, La Cruz, el segundo cantón con menor desarrollo social de Costa Rica, es un limbo del que estos migrantes quieren salir por sus propios medios, pero no pueden.

 

Los nuevos habitantes

Son las 3 p. m. de un jueves de julio y ¬†Christopher Elizondo, param√©dico de La Cruz Roja, trata de ordenar sin ning√ļn √©xito al tumulto que grita y se r√≠e y llora y come‚Ķ todo al mismo tiempo.

Es lo más cerca que Christopher y el resto de la comunidad de Las Vueltas de La Cruz estará nunca de las llagas que provoca un grupo extremista como el Boko Haram, de la represión a la libertad de hablar en Etiopía y hasta del hambre extrema de los haitianos después del terremoto del 2010.  

En este barrio, donde predominan decenas de casas iguales, construidas con bonos del Estado, algunos vecinos se preocupan por resguardar su propia seguridad. Otros, tratan de ayudarles con lo que pueden: prestarles un enchufe para cargar el celular, irles a sacar dinero de Western Union o de Money Gram, darles una taza de café.

‚ÄúYo los dejo que tiendan aqu√≠ en mi cerca porque a m√≠ eso no me quita ning√ļn pedazo. Ya yo escuch√© que la asociaci√≥n (de desarrollo) anda pidiendo firmas para sacarlos de aqu√≠ y yo de una vez dije que yo firmas no estoy dando‚ÄĚ, dice decidida Yuzel Rodr√≠guez, quien vive al lado del albergue.

A otros les preocupa el dengue, el zika, las enfermedades que traigan los migrantes y que podrían proliferar con la presencia de aguas estancadas en la entrada al barrio, un gran nido verde de mosquitos.

En el albergue, sin embargo, no hay un solo zancudo visible, por las fumigaciones que realizó el Ministerio de Salud.

Lo √ļnico que zumba en los o√≠dos son los relatos de terror, de familias que han caminado seis d√≠as entre la selva espesa del Dari√©n -entre Colombia y Panam√°-, quehan viajado meses enteros en botes desde √Āfrica o que han tenido que salir de Brasil, donde trabajaban, porque la crisis les maj√≥ los talones.

 

La travesía

Mitta abre la boca y ¬†se√Īala con el dedo sus enc√≠as infeccionadas. Donde antes iban dos muelas, ahora va un pedazo de carne hinchado que a su vez le abomba la mejilla y la obliga a masticar las palabras antes de expulsarlas.

Tiene 25 a√Īos y sali√≥ huyendo de Etiop√≠a hace seis porque comenz√≥ a hablar. ‚ÄúHablaba de lo que sent√≠a‚ÄĚ, dice en un ingl√©s que arrastra las vocales. ‚ÄúIban a matar a mis padres si segu√≠a all√°‚ÄĚ.

Su camino comenzó en Brasil, donde tenía un trabajo en una peluquería, pero salió corriendo de allí cuando dos hombres comenzaron a pelear por ella y estuvieron a punto de matarla.

De all√≠ subi√≥ a Per√ļ, Ecuador, Colombia, Panam√° y Costa Rica, pero asegura que el tramo m√°s dif√≠cil fue Nicaragua.

Aunque en este momento hay una barrera de polic√≠as que no deja entrar a personas indocumentadas desde Panam√°, la frontera es tan porosa que hay comercios en los que se entra por un pa√≠s y se sale por el otro, dice Mauricio Herrera. ‚ÄúLa semana pasada entraron entre 100 y 150 por d√≠a. Eso ya no es sostenible para un pa√≠s peque√Īo como Costa Rica‚ÄĚ.

De Paso Canoas, siguen un control migratorio en el que les dan un permiso para estar en el país durante 25 días, les toman huellas dactilares, tratan de conocer su identidad y les dan una atención médica básica. Todos los Ebáis por donde pasan tienen órdenes de atenderlos.

-Siento mucho dolor, so much pain, pero no quiero paracetamol para mis dientes. El Gobierno ha sido bueno, good with us, pero no quiero quedarme aquí. Quiero seguir a Estados Unidos.

-¬ŅVas a encontrarte con alguien all√°?

-No. No tengo a nadie.

-¬ŅY qu√© esper√°s encontrar en Estados Unidos?

-Estudios. Quiero estudiar política para liberar a mi país. I want freedom for my people.

Querer es un verbo que requiere de paciencia cuando las esperanzas son muy pocas. Cuando el reloj marca las 10 p. m., algunos se van a dormir. Sammuel se toma sus p√≠ldoras contra el dolor muscular y se recuesta sobre la espuma, con una manta en la cara. A su lado, un musulm√°n reza.¬†Ma√Īana ser√° otro d√≠a‚Ķ o quiz√°s, el mismo.

 

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Se insta a visitar la noticia original en La Voz de Guanacaste, pues cuenta con un excelente trabajo de investigación y fotografía que merece ser visto en el medio original.